Historias de pastores, del diablo enmascarado, grandes batallas y apariciones místicas son algunos de los elementos recurrentes de estas leyendas.

Fuente: www.vivecamino.com

La tradición oral en el Camino de Santiago ha sido rica y extensa durante siglos, y las leyendas relacionadas con Santiago, sus milagros y los peregrinos muy populares, tanto que algunas de ellas han llegado hasta nuestros días (a través de diferentes versiones, eso sí, debido a la transmisión oral). Algunas de estas leyendas aún se siguen contando y forman parte imborrable de la tradición popular de algunas localidades del Camino, transmitiéndose entre peregrinos de generación en generación. Descubre algunas de las más populares:

Los pastores de Estella

La leyenda de los pastores de Estella nos cuenta la historia de como dos hombres descubrieron la imagen de una virgen en la cima del monte Puy, en el año 1085. Según cuenta la leyenda, una impresionante caída de estrellas habría conducido a dos pastores que se encontraban en la falda del monte hacia el lugar, encontrándose con la imagen de una virgen.

Tras avisar al sacerdote de su parroquia y volver todos al lugar, intentaron mover la imagen de la virgen, pero ni con todas sus fuerzas pudieron moverla ni un centímetro, debido a lo que parecía una gran fuerza divina, por lo que decidieron dejarla en el lugar y construir un templo en torno a ella. Solo cinco años después el rey navarro Sancho Ramírez fundaría la ciudad de Estella para dar cobijo a los peregrinos del Camino de Santiago (el nombre de Estella viene de stella, «estrella» en latín).

La leyenda del peregrino fantasma

Esta leyenda es una de las más curiosas y está directamente relacionada con la ciudad de Santiago y los alrededores de la catedral compostelana. Habla del romance entre un clérigo y una monja del convento de San Pelayo a la que profesaba un gran amor, cruzando todas las noches un estrecho pasadizo debajo de la Plaza de Quintana -que unía el convento con la catedral- para encontrarse con ella. Cansado de vivir en la clandestinidad, un día el sacerdote le propuso a la monja quedar a media noche en la plaza para fugarse juntos y no volver jamás. Ataviado con una túnica de peregrino, el sacerdote esperó horas y horas a su amada en la plaza, pero esta nunca llegó y se cuenta que desde entonces todas las noches la espera en el mismo lugar como alma errante.

Lo más curioso de la leyenda del peregrino fantasma es que en la Plaza de Quintana, en la base de la Torre del Reloj de la catedral, entre la Puerta Real y la entrada de la Puerta Santa, se puede entrever la sombra de un peregrino, con su capa, sombrero y bastón. Todo ello es el producto de un efecto óptico fruto a la iluminación de la plaza y la sombra del pararrayos de la Catedral de Santiago.

El lobo protector de peregrinos

Cuenta esta leyenda que un peregrino camino de Santiago de Compostela recorría los bosques de los Pirineos, cerca de Roncesvalles, cuando en una posada conoció a otro peregrino con el que entabló amistad. Tal era su camaradería que ambos peregrinos acordaron recorrer aquellos parajes juntos para protegerse mejor de las alimañas y los bandidos que acechaban esas tierras, sin embargo, en un momento de total descuido, nuestro peregrino se encontró con una puñalada en la espalda de su nuevo compañero, que no era otra cosa que un bandido aprovechándose de su confianza. El bandido le desposeyó de todas sus pertenencias y lo arrojó a su suerte, desnudo, por una ladera.

Desangrándose, el peregrino vio como se le acercaba una manada de lobos para complicar todavía más su final. Sin embargo cuando tenía a los lobos a un solo palmó, creyó vislumbrar un brillo en los ojos de un de ellos, lo que identificó como una aparición del mismísimo Santiago. Según cuenta la leyenda del lobo protector de peregrinos, la manada no le hizo ni un rasguño, dejándole morir en paz y rogando por su alma, y se dirigió en busca del bandido para cobrarse venganza. Este se había escondido en un refugio, donde se creía muy seguro, pero entre ronquido y ronquido se vio sorprendido por los lobos, que cobraron buena cuenta de él; todos menos el lobo de ojos brillantes, que no habría tomado parte de la venganza.