La Jacetania era conocida entre las gentes del buen saber como la “Casa del grial” con todas sus ricas y numerosas leyendas asociadas.

Se cuenta que allá por el siglo IV, el que después sería Papa Sixto II (decapitado en el año 258), visita el norte de España y hace amistad con los padres de san Lorenzo que tiene un hermano gemelo. Sus padres son san Orencio y santa Paciencia.

El Papa regresa a Roma y se lleva al niño Lorenzo en el que reconoce las virtudes cristianas. Pasa el tiempo y el emperador romano condena a muerte al Papa y este, antes de morir, encarga a Lorenzo, entonces diácono, que esconda las santas reliquias, figurando entre ellas la más valiosa: el santo cáliz con el que el Señor celebró la Última Cena.

Nuestro santo, a su vez, encarga a otro cristiano que lleve la reliquia a la casa de sus padres en Huesca y él recibe también la muerte provocada por el famoso martirio de la parrilla. Su fiesta se celebra el 10 de agosto, unos días antes de la salida del peregrino desde Jaca.

A partir de la llegada del cáliz a Huesca, este vive un singular periplo por tierras jacetanas según el relato más consensuado. Hay que destacar que este es un recorrido evidentemente simbólico vinculado a las siete Pléyades.

En un capitel de una de las puertas de la catedral de Jaca se puede ver la entrega del grial a san Lorenzo por el papa Sixto II. Su primera sede estuvo en la casa-granja de los padres de Lorenzo, actualmente santuario de Loreto a las afueras de Huesca. La segunda son las ermitas rupestres de Yebra. La tercera se sitúa en San Adrián de Sásabe. La cuarta estuvo en San Pedro de Siresa. La quinta en Bailo, muy cerca de Jaca. La sexta sede es Jaca. Y la séptima y última sede fue San Juan de la Peña.

En la actualidad, el grial que se conservaba en San Juan de la Peña está en la catedral de Valencia. Conocemos la referencia histórica de 1134 de un texto que dice que en San Juan de la Peña “…está en un arca de marfil el cáliz en el que Cristo nuestro Señor consagró su sangre…”. En 1399 el Rey de Aragón Martín I el Humano lo traslada a la Aljafería de Zaragoza. Ya en 1424 el rey Alfonso el Magnánimo lo traslada a Valencia en donde está expuesto. Es una copa tallada en piedra procedente de Oriente Medio que la arqueología data del siglo I.

Asimismo, las inscripciones que contiene este vaso ya conocidas, las recientemente halladas, el aval arqueológico y la tradición oral, hacen que este cáliz tenga muchas más garantías de autenticidad que cualquier otra reliquia parecida.

El recorrido antes mencionado evidencia la razón por la que esa zona, la Jacetania, era conocida entre las gentes del buen saber como la “Casa del grial” con todas sus ricas y numerosas leyendas asociadas. Esta presencia septenaria se refería a las Pléyades, o para los egipcios, las “siete vacas Hator” que, según la tradición eran las señoras del destino en la vida y en la muerte.